14.02.21

Leo que en Huelva ya han conseguido su Conservatorio de Danza. Y yo me pregunto ¿Cuántas compañías estables de danza hay en Huelva? ¿Cuál es la demanda de bailarines en Huelva? Todos conocemos ambas respuestas.

Cuando en redes sociales he escrito mi asombro por la obsesiva creación de conservatorios de danza en un país en el que no hay compañías de danza y en el que los bailarines tienen dos opciones, emigrar o servir cafés (aunque esta última opción está muy mermada a causa del COVID y el deterioro que el sector de la hostelería está sufriendo).

Mis mensajes en redes son habitualmente contestados con diversas opiniones. Concretamente respecto a mi hilo sobre el nuevo conservatorio de Huelva, un pobre hombre me ha llamado ‘inútil’, me han dicho que así los bailarines no tienen que emigrar a Madrid o Barcelona, que los conservatorios dan trabajo a bailarines, que no todos los estudiantes de danza lo hacen para ser profesionales, que lo hacen por afición…

Respecto al insulto del pobre hombre, ni me he molestado en contestar. Que mire mi trayectoria y la compare con la suya, y que luego tome algunos antidepresivos.

Los bailarines de Huelva que no tengan que emigrar a Madrid o Barcelona para prepararse, van a tener que hacerlo a otros países para trabajar. Así que estudiar en Madrid o Barcelona quizás sea una buena preparación para su vida futura. Tal vez el dinero que se derrocha en innecesarios conservatorios podría destinarse a becas que faciliten estos desplazamientos estudiantiles a Madrid o Barcelona.

Dar trabajo a bailarines en paro para crear nuevos bailarines en paro es vender el coche para comprar gasolina. Con ese criterio acabaríamos teniendo conservatorios en cada pueblo de cada provincia, en cada barrio de cada pueblo, en cada calle de cada barrio…

Y respecto a que no tienen que ser futuros profesionales los que se forman en los conservatorios, nos lleva a pensar en una competencia desleal con las escuelas particulares que viven de enseñar danza a aficionados, escuelas que, esas sí, dan trabajo a los bailarines profesionales. Por no hablar de que lo que se crea es un “Conservatorio Profesional de Danza”. La clave está en la palabra Profesional.

Yo propondría que el dinero que se malgasta en conservatorios se dedique a la creación de compañías públicas estables en cada provincia y a subvencionar las pequeñas compañías privadas que demuestren tener calidad. Tal vez de este modo el futuro de la danza en España empezaría a ser menos negro.


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