04.04.19

(Aclaro que esta conversación tiene lugar el día 29 de marzo. Tres días más tarde el Ministerio comunica que Rubén Olmo será el director del BNE los próximos cinco u ocho años.)

Antonio Márquez es un hombre vital. Cuando habla de su profesión, lo hace vehementemente, se nota que ama lo que hace. He tenido el placer de conversar con él distendidamente, tomando un aperitivo, y le veo con muchas ganas de hacer cosas, ya las está haciendo, pero también le veo molesto por la falta de apoyo por parte de políticos y compañeros.

¿Cómo ves la situación de la danza española actual?

Durante años la danza española tenía sus referentes, que sucesivamente iban aportando estilos. Ahora hay un escalón, un bache. Ahora no hay respeto, no hay interés tampoco, hay desconocimiento. No se ha inculcado, no les han explicado a los bailarines de las nuevas generaciones, por qué y de donde vienen los pasos que interpretan.

Ahora hay prisa. Ven que llega cualquiera, sus propios compañeros, y monta coreografías, organizan Masterclass… y dicen “Yo lo mismo”, y montan su propia compañía.

Hay muchos “maestros” que no han bailado nunca y siempre están justificando que eso no quiere decir que no puedan ser buenos maestros.
Son montapasos, podrán explicar las coreografías, pero no el sentido, la emoción de cada paso. El sentido de como habla una mano, una mirada y como puedes atraer y llevar la mirada del público a esa parte del cuerpo que tú deseas.

Yo he visto bailar muchas Galaicas, interpretadas por muchísimos bailarines y bailarinas. Y yo te voy a decir una cosa, en cuarenta años no nos hemos mejorado en absoluto. Y la gente dice “hoy en día se baila muy bien”. ¡No! Hoy en día se ejecuta limpiamente, pero con un estilo que está perdiendo el sentido de la danza española. ¡Estáis bailando una bolera y podríais estar perfectamente bailando un Lago de los cisnes!

Es difícil explicar como con un breve movimiento, Antonio llena de arte la cafetería en la que estamos. Dos chicas en una mesa vecina han apagado su conversación hace rato y siguen con indudable interés las evoluciones del Maestro. Decido abrir la cámara y tomar en vídeo la conversación que hasta ese momento estaba grabando con el móvil.

Esto, esto que acompaña a este brazo, esa estilización que tenemos hoy en día, a esa prolongación del trabajo de la técnica es producto de nuestros primeros maestros, ellos fueron los que lo iniciaron y nosotros lo hemos ido desarrollando, pero lo que no hemos avanzado es en la profundidad del sentido de nuestra tradición, de lo que nos ha diferenciado respecto a los bailarines clásicos.

Pues eso es lo que hemos perdido. Cuando ves una obra nuestra, un cásico, El Sombrero de Tres Picos, Galaica… y tú ves como la ejecutan. Dices ¡no! Está ejecutada, pero no está interpretado el sentido.
Cuando tú pasas de una rodilla a la otra… Antonio era muy pequeñito y le costaba muy poco trabajo, muy poco trabajo pasar de una rodilla a la otra. Pero no puedes ponerle ese tipo de pasos a un tío como Sergio Bernal, lo único que estás haciendo es ridiculizarle. ¿por qué? Porque lo primero, con su físico no puede, y porque cuando yo me he agachado dos veces, él todavía no se ha agachado una.

Hay que saber también adaptar las obras, y te dicen “Es que así no es como lo montó Antonio”. Es que Antonio, si lo ves en diferentes vídeos, en uno hace doble tour en otro, doble pirueta o pega un salto. Es la misma coreografía, pero cuando él se la monta a otros intérpretes, como El Sombrero de Tres Picos que es la última que hizo para el Ballet Nacional, también lo adaptó a los bailarines que tenía. Luego cada uno… Paco Romero a lo mejor no hacía doble tour, hacía una vuelta en el zapateado, otro hacía el doble tour, otro… es decir que adaptaban a las posibilidades que tenía ese bailarín.

El sentido del paso no es que lo hagas más alto o más grande. Es como tú lo interpretas. Y ahí es donde yo creo que estamos a años luz de saber recuperar esas obras. Ya muchos no están con nosotros, pero hay muchos que sí conocen esas obras y deben explicar de unos a otros cual es la historia, cual es la esencia…

¿Por qué crees que se está perdiendo esa esencia?

Se está perdiendo porque hay un eslabón de referentes que no han llegado a contar estas cosas a los que bailan ahora.

Antonio se va a América; le pilla la guerra y se va. Conoce a Carmen Amaya. Carmen Amaya se va y él que queda allí y monta su propia compañía. Allí evoluciona, crece, va formando su propio estilo, y cuando vuelve a España se encuentra con grandes bailarines, pero que no le llegaban a Antonio a una estatura. Vuelve invierte todo lo que tiene y pega el bombazo. Volvió locos a todos los bailarines. Entonces comienza a transmitir su forma de bailar y todos los bailarines van cogiendo esa estructura. Él tiene su propia compañía, tiene sus maestros de ballet, empieza a introducir el folklore, saca de los tablaos a los flamencos… pero flamencos como el Mairena, como el Morao, el Chano Lobato, como el Curro de Triana, como Paco de Lucía… todos esos pasan por su compañía. Estudia con Pericet la escuela bolera…

Y él es un referente de lo que hoy es la danza española, pero él se lo pasa a un Paco Romero, a un José Antonio, a un Juan Mata a un Antonio Alonso, a Rosario, a Carmen Rojas, Alicia Díaz… y todos estos bailarines han ido sumando sus respectivas personalidades. Luego nos lo pasaron a nosotros, que éramos sus alumnos, sus discípulos y ellos eran nuestros referentes. Y ahora nos tocaría a nosotros contar la historia, pero no nos han dejado contarla. Y ahí es donde yo creo que ha habido un corte importante.

La danza no es tu cortijo, y si a ti no te gusta Antonio Márquez, Juan Mata, Antonio Alonso, José Antonio… te tienes que aguantar y tienes que llamarles. Pero el BNE, que debe ser el referente porque las compañías de danza española han ido desapareciendo por causas económicas, no lo hace. Lo que ahora hay son grupitos, no compañías. Esto degenera la danza española. Y hay que recuperarla.

¿Cuales son tus intenciones al reabrir tu compañía?

Hay mucho interés y mis bailarines están trabajando mucho. Entonces yo digo, ¿qué hago? ¿Monto un espectáculo de flamenco como hacen esos grupitos y me voy con cuatro músicos y tres bailarines a recorrer Asia? No, yo quiero montar algo mucho más estilizado, y como además este es el año de El Sombrero de Tres Picos, voy a montar un repertorio clásico y hacemos el Sombrero, El Bolero, el Zapateado de Sarasate… obras clásicas. Obras que nada más levantar el telón ya te cuestan mil euros por el pago de derechos. Que a pesar de que ha prescrito el Bolero, en España aún siguen cobrando derechos. En Francia ha prescrito, han pasado los cien años y Ravel ya no paga derechos. Aquí me siguen cobrando.

¿Tienes apoyo de las instituciones? El Ministerio debería agradecer tu trabajo de conservación de nuestra riqueza cultural.

El Ministerio no sólo no me apoya. Me ha quitado de Platea porque dice que eso ya lo repuse. No tienen vergüenza. Yo les respondí “dime una obra de Gades que no lleve reponiéndose desde el año 84” ¿Cuántas veces se ha hecho Carmen, Bodas, Fuenteovejuna…? Y se sigue reponiendo, y piden subvenciones y nadie les dice ¿Otra vez Fuenteovejuna?

Cuando dije vuelvo con la compañía. Me meten en Platea durante tres meses y rápidamente salieron funciones, y de repente me quitan de Platea. Le pregunto al subdirector como es posible que la única compañía de Danza española en este formato la quiten de Platea y me dice que hay un comité de sabios de la danza que son los que lo han decidido. ¿pero con qué criterio? “¡Ah! Esto es lo que hay, pero no te preocupes, luego tú te presentas a subvenciones y ayuda. Es que el sistema es así”.

Creo que también vas a reponer Medea del Maestro Granero, que ahora no se representa porque los herederos del Maestro no quieren que lo haga la actual dirección del BNE con Antonio Najarro.

Los herederos del Maestro quieren que yo me encargue de reponer sus obras. Y lo voy a hacer. Lo hago público y nadie, ¡nadie!, de la danza española se ha puesto en contacto conmigo para darme ánimos, para decirme ¡adelante!

Como tampoco lo hicieron cuando inauguré el Teatro Real con coreografías de Antonio, El Sombrero de Tres Picos escenografía de Picasso, música de Manuel de Falla…, que hasta ese momento estaba en el olvido. Lo único que recibí fueron presiones y llamadas para decirme lo que tenía que hacer y no hacer. Yo sabía perfectamente lo que tenía que hacer. Lo primero llamar a la familia. Paco Ruiz estuvo conmigo todo todos los días, asesorándome. También llamé a Juan Mata como referente y para que volcara su conocimiento en la obra, como hizo. Y así pasó lo que pasó en el Teatro Real, que aún están estudiando los conservatorios esta obra. El Sombrero de Tres Picos de la Compañía Antonio Márquez.

Después de eso, yo lo quiero reponer, en formato más pequeño, para llevarlo por todo el mundo, como hacen los clásicos ¡joder! Estuve un año. Me gasté lo más grande, no sé lo que me costó eso de vestuario… ¡Porque quise hacer Picasso, pero sólo de derechos ya me cobraban tres millones de pesetas de aquellos tiempos!

Cuando ya estoy en el Real, ya con todo en marcha…

En este momento de la conversación prefiero dar paso al vídeo, las palabras de Antonio Márquez transcritas a letras, mis pobres letras, no hacen justicia a la intensidad de las palabras que oigo. La conversación sigue durante al menos una hora, pero en ETER me piden que envíe ya algo, así que en este punto y con este vídeo termino esta primera parte de la entrevista. Continuará.







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