12.11.18

El anuncio del Ministerio de Cultura comunicando el fin de los mandatos de los directores de algunos de sus unidades de producción, incluidos el BNE y la CND, ha sido bien recibido por los que amamos la danza. Habrá sido para la danza un periodo negro que por fin termina.

Algunas consideraciones me hago yo sobre este asunto.

El primero, el más evidente, ¿por qué los candidatos que se barajan para sustituir a Antonio Najarro y José Carlos Martínez son siempre hombres? Son muchas las posibles candidatas con bagaje suficiente, y en muchos casos superior al de algunos de los candidatos que se oyen en los mentideros de este mundillo. Además, en un país con una conciencia de igualdad y un gobierno que defiende esta igualdad, es raro que no se esté pensando en la alternancia de sexos en estos menesteres.

Otras consideraciones.

¿Por qué los candidatos que se barajan para la CND son todos procedentes de la danza clásica? Tenemos excelentes bailarines y coreógrafos de danza contemporánea, por poner un ejemplo de otra disciplina, que serían excelentes candidatos.

Otra duda. ¿Nadie encuentra poco ético que un cargo electo programe sus propias coreografías? No he sido capaz de encontrar en el “Portal de la transparencia” cuanto estamos pagando los españoles por los royalties de las coreografías de Najarro y Martínez que ellos mismos programan periódicamente. Sería un escandalo que, por poner un ejemplo, El ministro de Cultura y Deporte escribiera un libro y decretara hacerlo oficial en las escuelas. ¿Por qué no es un escándalo que “Sevilla”, de Najarro, sea una de las coreografías más programadas por el BNE?
No se puede anular la creatividad de un artista por su nombramiento para un cargo, en esto creo que todos estamos de acuerdo, pero ¿no sería posible, y más lógico y ético, que el contrato de dirección incluyera la cesión de derechos de las obras durante el periodo de mandato?





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